20 de junio de 2012

El ogro de Atenas (Nikos Koundouros)

[O drakos, 1956, Nikos Koundouros]

Un clásico del cine griego con un protagonista para el recuerdo: Thomas, encarnado por Dinos Iliopulos. "El ogro de Atenas" es un poco difícil de clasificar, puesto que por momentos despista y parece que cambia de registro, pero se trata esencialmente de una película neorrealista. Sin embargo, haciendo honor a su patria, es de tintes trágicos que rozan el patetismo. Por ella desfilan una serie de personajes desdichados, comenzando por el protagonista, que vagan sin rumbo por sus penas hasta un final desesperanzador.

La premisa inicial del filme resulta muy prometedora. El tipo más gris y corriente del mundo, un pequeño y pusilánime funcionario, resulta ser físicamente idéntico a un cruel asesino en serie, el Ogro, cuya foto publican los periódicos. Volviendo a casa el día de fin de año, Thomas se da cuenta de que empieza a atraer la atención y decide huir por las calles de Atenas. El primer cuarto de hora de la película es magistral. Con una puesta en escena muy efectiva, empujada por una banda sonora de misterio sin apenas diálogo en muchos momentos y una fotografía nocturna, el tono es cien por cien film-noir, recordando a "M, el vampiro de Dusseldorf". Dado que el personaje es inocente, parece sin embargo que la película apunta más bien a "Falso culpable", aunque al poco esta trama queda diluida en otra, algo que lamento porque la idea es excelente. Thomas acaba refugiándose en un tugurio regentado por unos delincuentes de poca monta dirigidos por Spathis. Allí traba amistad con dos de las bailarinas, Carmen y la jovencísima Baby. Pero también la banda, al pensar que se trata del Ogro, lo adopta como su líder confiando en su carisma para llevar a cabo un absurdo y ridículo robo de unas columnas antiguas. La película y Thomas alternan entre su relación con las chicas y con los bandidos. Entre el viejo y Baby nace una dulce relación paternofilial, pero Spathis está enamorado de ella y tiene celos de Thomas. Y a todo esto la policía todavía le busca pensando que se trata del Ogro.

 

La parte central de la película está lastrada por un ritmo y un montaje un poco espesos, hasta prácticamente llegar al final. Una buena mayoría de las escenas tienen lugar en el club nocturno, incluyendo canciones y bailes, y la acción no avanza ni resulta de especial interés al no profundizar en los personajes. El de Spathis se hace ciertamente un poco cansino, mientras que en cambio Thomas y Baby protagonizan los momentos más emotivos. Pero lo mejor y donde el director Koundouros sale más airoso es la atmósfera de decadencia, ruina y fatalismo que envuelve el filme. Todos son seres infelices y miserables que tratan de encontrar un consuelo que ni saben dónde buscar, como si se removieran atormentados en la cama durante una pesadilla sin fin. Más allá del retrato crudo y realista que suele caracterizar a los filmes urbanos de posguerra, “El ogro de Atenas” es inusualmente oscura, deprimente y triste. La mejor personificación de esa tristeza es sin duda Thomas, un enternecedor Dinos Iliopulos, que sin éxito intenta ayudar y satisfacer al resto sin preocuparse de sí mismo. El final, aunque no lo desvelo, es fácil de intuir porque la película no da lugar a muchas opciones.

Se hace inevitable, en momentos como este, establecer paralelismos entre ese elenco de personajes y la Grecia actual, que vive uno de los peores periodos de su historia reciente. “El ogro de Atenas” está cargada de humanismo y de bondad, pero todos parecen condenados a la desdicha.

Puntuación: 3,5 / 5




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